Inka Jungle Trail 2/2
Nos levantamos temprano, pero no nuestros guías que venían con una gran resaca de la noche anterior… con el retraso, empezamos a caminar a las 9:00 am, tras un desayuno austero en “La Cruda”.
El sol quemaba desde el primer momento y la ruta era bastante más burda que el día anterior. Recorríamos una carretera de arenilla a pleno sol hasta la hidroeléctrica siguiendo aun el río Urubamba. Al borde de la montaña, podíamos ver rocas de granito blanco con pintas negras que se habían desprendido (allí comprendí de donde venía el suelo de mi cocina). Seguimos caminando aprovechando cada pizca de sombra del camino. A eso de las 12:00 pasamos por unas chacras de planta de coca y plátanos que humedecían el camino y daban algo de tregua al sol. Durante el camino, unos nuevos componentes del grupo, tres chicos israelíes, entorpecían el paso, quedándose siempre atrás y provocando en los demás frecuentes paradas para esperarlos. En una de nuestras esperas, paso una camioneta con ellos tres subidos en el techo, gritando que nos veríamos en hidroeléctrica. Una vez allí comimos, y proseguimos el camino por las vías del tren, a la sombra de una abundante vegetación. El camino seguía siendo bastante plano, pero la vía, rodeada de piedras afiladas, nos obligaba a ir mirando al suelo para andar sobre sus travesaños. Al fin podíamos ver Machupichu al final del camino, aunque aun teníamos que rodear toda la montaña para llegar a Aguas Calientes. Curiosamente, a Aguas Calientes solo se puede llegar en tren o helicóptero (o caminando sobre las vías del tren) no tiene acceso alguno por carretera.
Una vez llegamos al pueblo, nos condujeron a un hospedaje decente (nada que ver con La Cruda), y nos aprovisionamos para el día siguiente, pues, como podréis imaginar, los precios de Machupichu son caros incluso para Europa, teniendo también en cuenta que tienen precios distintos para los peruanos.
Nos despertaron a las 3:30 am, debíamos salir a las 4. Nos pusimos en marcha, la noche era bastante oscura, pero íbamos equipados con los frontales, teniendo las 2 manos libres para la subida. Nos esperaban 2000 escalones de piedra para llegar a los 2.500 msnm que está Machupichu. Una multitud de excursionistas nos agolpábamos en el camino hacia las escaleras. Allí empezaban a formarse grupos según el ritmo de subida. Aunque es bastante arduo, valdría la pena. Un perrito nos acompañó desde el puente de Aguas Calientes hasta la entrada a las ruinas, parecía no notar la altura o el cansancio, esperándonos en cada tramo para comenzar a subir con nosotros. Llegamos justo a tiempo, había algo de claridad cuando llegamos a las ruinas, pero aun no había salido el sol.
Tras la experiencia, supe que no estaba preparada para subir a Wayna Pichu, un pico dentro del propio Machupichu. Todos en la puerta esperaban subir allí, la gente llega temprano para obtener la entrada a él, pues, aunque es gratuito, solo está permitida la entrada a 400 personas por día. Imaginad el espectáculo, cuando abre la puerta de Machupichu y un gentío sale corriendo hacia la otra punta de las ruinas, sin reparar donde están pisando ni qué están viendo. El tomar la decisión tan pronto, me permitió disfrutar de aquellos momentos. Mientras todos corrían, pude embriagarme de la emoción, toda aquella inmensa construcción estaba ante mí. Me perdí por aquellas ruinas, no sabía donde estaba, ni hacia donde iba. Me encontraba caminos cerrados, toscas escaleras y, de repente, un guía astuto que llevaba a su grupo corriendo por un camino alternativo a Wayna Pichu. Decidí seguirles, pero a mi ritmo y, para suerte de aquel guía, recoger a aquellos que se habían quedado atrás y llevarlos con el grupo.
Una vez en Wayna Pichu, los interesados del grupo cogieron sus tickets de subida (de los que solo 3 personas subieron finalmente, una de ellas Abel) y volvimos a reunirnos todos para empezar el “tour” guiado dentro de Machupichu. Desgraciadamente, no cambiamos de guía como nos dijeron en la agencia, sino que sería también Miguel quien nos mostraría las ruinas. Por qué desgraciadamente? Todo nuestro grupo se componía de canadienses, británicos y estadounidenses, por lo que la explicación sería en inglés; y, por otro lado, el nivel de inglés de Miguel hacía que ni los españoles ni los ingleses nos enterásemos de nada. Cada vez que pasábamos junto a un grupo de españoles con guía aprovechábamos para enterarnos de algo más que la redundante descripción que ofrecía Miguel. Tras 2 horas de tour, quedábamos por fin libres para explorar Machupichu por nuestra cuenta.
A las 10 am, Abel subió a Waynapichu. Un camino complicado, por escaleras muy estrechas y empinadas, con pequeñas cuevas y rampas que atravesar, aunque seguro que él os lo explicará mejor. Desde arriba, todo el Machupichu a sus pies, podía ver por fin toda la extensión de las ruinas.
Mientras tanto, me quedé con el resto del grupo, que al final decidió no subir a Waynapichu, viendo alguna de las rutas alternativas de Machupichu, donde apenas había turistas y descansando en uno de tantos bancales en terraza que rodeaban las ruinas.
Una curiosidad de Machupichu es que, no solo son 2000 escalones para llegar hasta él sino que, una vez dentro, no encuentras un tramo que no tenga escaleras. Cuando nos volvimos a encontrar Abel y yo ya decidimos que estábamos listos para subir a “la casa del vigilante”, en un cerro dentro de Machupichu, al final de unas largas escaleras. Una vez allí, pudimos tomar la foto de Machupichu que todos conocemos.
Estuvimos rondando por allí varias horas mas, sobre las 4, decidimos ya bajar de nuevo la montaña y volver al pueblo. Apenas tardamos 45 minutos, menos de la mitad del tiempo en subir.
Al día siguiente, el tren nos dejaba en Ollantaitambo, donde podíamos aprovechar para ver el Valle Sagrado. Pero como no encontramos la tarjeta de crédito de Abel tuvimos que regresar rápido a Cuzco para buscarla o, como al fin sucedió, anularla. Esa misma noche saldríamos hacia Copacabana.
P.D. Hoy tenemos el cumpleaños de la Sra. Nancy que nos ha invitado muy ilusionada. Felizmente coincide con el de mi hermanita y el de “mi tío el guapo“
Así que FELICIDADES PARA TODOS!!!!!
Al siguiente día, levantamos a las 6 de la mañana, nos quedaban 9 horas de caminata a través de selva alta. En los primeros 15 minutos los mosquitos hicieron ya estragos en los mas desprevenidos (nosotros nos libramos gracias al Relec). Recorrimos la orilla del río Urubamba, bordeando la montaña durante una hora, a partir de entonces, el camino se hacía más difícil: dos horas de subida a través de tortuosas escaleras naturales para llegar al lo que queda de camino inca. A pesar del intento de aclimatación en Cusco, el mal de altura (o soroche, como lo llaman los peruanos) me provocaba mareos e hiperventilación en toda actividad anaeróbica (como subir escaleras). Por suerte, todo esfuerzo valió la pena. Podíamos recuperar fuerzas en una casa que ofrecía bebidas y hamacas a precio abusivo. Tras eso, comenzaba el camino inca: unas estrechas escaleras e la ladera de la montaña… algo terrorífico para uno de nuestros compañeros que padecía vértigo. Al final del camino, nos hallábamos en un saliente de la montaña, desde allí podíamos ver todo lo que habíamos recorrido hasta entonces. Tras ello, volvíamos a descender, y el camino volvía a ser fácil. Lo impresionante era el cambio de paisaje continuo. Tras la comida y el descanso, pasamos por caminos más selváticos, paisajes de pura piedra, campos de algo que parecía bambú, playas al borde del río.
Finalmente, a eso de las 5 de la tarde, llegábamos a nuestro destino… y no podía ser mejor: en mitad de las montañas, sin cavilación cercana alguna, algún visionario optó por aprovechar las aguas termales de la zona, haciendo un recinto turístico descubierto que ofrecía ducha caliente natural, piscinas, alimentos y mosquitos a mansalva. Es aquí donde nos descuidamos: salimos de la piscina para tomar una bien merecida cerveza y, en menos de 5 minutos, teníamos las piernas llenas de mosquitos y sus respectivas picaduras.
PD. Nuestro ahijadito y sus hermanas han tenido que irse del barrio. El padre, que trabaja al lado de su casa, fue varias veces a atacar a la madre delante de todos ellos, y aunque la acompañamos a la DEMUNA a denunciarlo, esto solo empeoró las cosas, y los ataques se hicieron mas frecuentes y mas agresivos. Ahora están en Twinsa, un barrio cercano, aunque no los hemos visto desde que se fueron. Esperemos que todo les vaya bien y verlos pronto.
Como era de esperar, todos estaban allí puntuales, antes de las 15:30, deseando entrar. Como se planeó un concurso de baile, todas las chicas venían con su minifalda, peinadas y pintadas para la ocasión. Si habitualmente parecen mas adultas de lo que son, así vestidas la impresión es aun mayor, parece que hubieran perdido su niñez. Pero pronto este miedo desaparece, en cuanto les proponemos juegos infantiles, todos, desde los mas peques hasta las adolescentes desvergonzadas participaron en cada juego: tirar latas, carreras de globos, hasta juegos musicales.
Al cabo de un par de horas, preparamos el concurso de glotones: era el momento mas esperado, todos querían participar, pero Alex ya lo había hecho otros años, y sabía que, como es lógico, muchos chicos solo participaban para poder comer, así que fue el quien eligió a los participantes, a los mas voraces, pero, además se guardó un truco en la manga… En el plato de cada concursante había plátano, naranja, galletas, un membrillo bien duro, sopa con féculas y dos perritos calientes con cantidades industriales de ají, una salsa picante típica, lo cual dificultaba mucho la carrera. Aquí os dejamos el vídeo de la carrera, y os presento a algunos chicos:

Bueno, mientras todo esto transcurría, gallinas, unos pollos de cuello desplumado, un cerdito (el chanchito con que duerme Sofi) y una perrita con sus 4 cachorros andaban y revoloteaban bajo nuestros pies. La casa es, en resumen un corral, aunque el corral oficial solo contiene poco mas de una decena de cuis (conejillos de indias), que aquí son un plato riquísimo.
Hoy hemos echado el agua de socorro al pequeño Willi, el hijo de Marilin. Consiste en encender una vela y con una rosa empapada en agua bendita (ejem), dibujar la cruz en la frente y decir aquello de “A ti, Willi, en el nombre del padre, del hijo y del espíritu santo, amen.” (Ejem, ejem, ejem.) Ana no tuvo que soltar el Ave Maria, que se estudió al dedillo para el caso de que fuera necesario. Así que nos hemos convertidos temporalmente en padrinos.